Cuando pidas comida a domicilio mientras está lloviendo fuerte, recuerda que detrás de esa entrega hay una persona que se está jugando el físico para que tú comas calientito.
Sí, tú tienes hambre y el restaurante quiere vender… pero el repartidor tiene una familia que lo espera en casa.
Y con lluvia, cada calle, cada curva y cada frenón se vuelve más riesgoso.
Ten paciencia.
No marques cada 5 minutos, no presiones.
Y cuando llegue tu pedido, sonríele, agradécele… y da una buena propina.
Porque no solo trae comida: trae compromiso, esfuerzo y mucha valentía.
Esta temporada de lluvias, seamos conscientes.
Ellos también merecen llegar sanos a casa.








