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lunes, febrero 23, 2026
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La oposición mexicana

Controversial…

La oposición mexicana
El mausoleo político opositor
No aportan nada y están contra todo

Por: Raul Sabido

En toda democracia, la oposición debería ser una fuerza que equilibra, cuestiona y propone… obliga a mejorar. Pero en México, los sectores opositores han adoptado una actitud que va más allá del legítimo disenso porque se han convertido en una trinchera de intereses, nostalgias, temores y odios. Su actuar no parece responder al bien común, sino a una agenda que busca restaurar privilegios, frenar transformaciones sociales y mantener el control narrativo sobre lo que significa “ser mexicano”.

Los opositores aún no comprenden que el pueblo de México ha despertado y transformado su patria. Se aferran a una visión caduca, añorando un pasado que les fue cómodo, quizá porque desconocen otro horizonte. En el México que hoy se reinventa, sus viejas fórmulas de privilegio y acumulación ya no tienen cabida. La realidad les incomoda porque revela que sus métodos de enriquecimiento se desvanecen ante una ciudadanía más consciente, más participativa y decidida a no volver atrás.

¿Qué buscan realmente?

La oposición actual no se define por sus propuestas, sino por su rechazo sistemático a todo lo que huela a cambio. Su objetivo no es construir una alternativa, sino deslegitimar al adversario.

Buscan recuperar espacios de poder perdidos con el aplastante voto popular que los sepultó. Buscan preservar beneficios económicos que antes fluían sin transparencia. Buscan Imponer una visión de país que excluye a los sectores históricamente marginados por considerarlos indignos, analfabetas, ignorantes y sin capacidad de poder decidir nada por el país.

No hay en su discurso una visión de futuro, sino una añoranza del pasado que los enriquecía.

El motor psicológico y moral

Lo que los mueve no es el amor por México, sino el miedo a seguir perdiendo control. Su narrativa está cargada de ansiedad, sarcasmo, soberbia y arrogancia, odio. Se presentan como los únicos capaces de “rescatar” al país, como si el pueblo no supiera elegir, se les olvida que fueron ya gobierno por más de 80 años y lo único que recataron fueron banqueros y empresarios. Esa actitud revela un narcisismo político exacerbado que pone su egocentrismo por encima del servicio, se consideran que todo lo merecen.

Manifiestan desconexión emocional

No entienden, no sienten, ni les ocupa las necesidades reales de los mexicanos. Su pensamiento se resume en una frase: “Primero yo, después yo, y si sobra tal vez para los demás, pero después de mí.”

Su moral es selectiva al criticar hoy lo que antes toleraban cuando les beneficiaba, se han vuelto convenientemente amnésicos.

¿A quién sirven?

Responden a grupos empresariales que ven en las reformas sociales una amenaza a sus privilegios y riqueza. Responden a medios corporativos de comunicación que moldean la opinión pública desde intereses económicos. Y sin mayor empacho, responden a agendas extranjeras que prefieren un México débil, dividido y dependiente. Así lo dejaron, y así quieren que continúe.

La intencionalidad sobre el impacto social

La actitud opositora no solo intenta polarizar, intenta paralizar. En lugar de ser una fuerza crítica que mejore al gobierno, se han convertido en un muro de lloriqueos y lamentos que las lágrimas les impide ver el futuro del país, y del mundo y eso tiene consecuencias detonándoles la desconfianza ciudadana acompañada del desprecio popular. Ninguna de sus predicciones apocalípticas se ha cumplido, sino por el contrario, los avances contradicen sus pronósticos.

La estrategia del sabotaje

Los opositores por estrategia renuncian a los debates, lo vimos con la Reforma al Poder Judicial en lugar de participar, quebraron principios constitucionales para frenar el avance. No hubo propuestas, solo intentaron sembrar miedo y desinformación.

Con la Reforma Electoral inician repitiendo el guion, deslegitimar antes de conocer. Ya anunciaron que no participarán, pero sí descalificarán el resultado. No buscan que la democracia avance, sino que se descarrile porque no creen en ella, la democracia les estorba, siempre les ha estorbado.

Durante la elección de jueces, su ausencia fue deliberada, buscaban el sustento para señalar e intentar deslegitimizar. No quisieron formar parte del mecanismo democrático, pero sí se quejaron del desenlace. Si no pueden controlar el proceso, lo desacreditan. Si no pueden imponer su visión, niegan la legitimidad de la visión ajena. Ejercen su capricho de “nenes chiples” donde si no es para ellos, no es para nadie.

Este patrón no es casual, es sistemático. No debaten, no proponen, no construyen. Solo se oponen. Y en esa negación constante, lo que erosionan no es el gobierno, sino ellos mismos.

Rasgos que definen al PRI-PAN
El patrón de la negación.

La oposición, PRI y PAN, ha construido una identidad política basada en la negación automática. Les describo sus rasgos más visibles y usted reflexione: 1) Negación como reflejo, rechazan sin conocer. 2) Ausencia deliberada, no participan, pero sí descalifican. 3) Desdén por lo popular ridiculizando al pueblo que no los aplaude. 4) Defienden el privilegio, protegen estructuras que los beneficiaban. 5) Narrativa del desastre, todo está mal, todo va peor. 6) Alianzas sin principios, se unen por miedo, no por convicción. 7) Incoherencia discursiva, cambian de postura según el cálculo político.

Estos rasgos se repiten en cada reforma, cada iniciativa, cada intento de transformación. No son oposición, son saboteadores.

El verdadero rostro oculto de la oposición

Los opositores hoy se envuelven en la bandera, simulando patriotismo, cuando conviene, pero debajo esconden el garrote con el que golpean a quien no se les arrodilla. Desprecian a la mayoría del pueblo que no los aplaude, calumnian para intentar silenciar, y en tiempos electorales fingen amnesia esperando que el agravio se olvide. No son líderes, son simuladores con vocación fracasada de verdugos.

Son mentirosos y arrogantes, expertos en la marrullería y el disfraz. Odian con facilidad, sin razón ni medida, y no dudan en causar daño a quien se interponga en su camino, sin el más mínimo asomo de remordimiento. Su crueldad no es accidente: es método. Así están formados. Es su ADN.

¡Obsérvelos ¡.

Pero no se quede ahí. Cuestione lo que representan. Porque México merece una oposición que piense en el país, no en sí misma.

El cementerio del liderazgo opositor

Los partidos opositores de hoy, PRI y PAN, han renunciado a su renovación porque han perdido esa capacidad. No por falta de tiempo, sino por falta de voluntad. Prefieren reciclar lo que ya huele a derrota, a corrupción, a desprecio popular. En lugar de formar nuevos liderazgos, reviven cadáveres políticos que alguna vez fueron sus serviles, creyendo que el maquillaje electoral puede disimular el hedor del pasado.

La derecha conservadora no afiliada, pero siempre dispuesta a aplaudirles, tampoco ha querido construir cuadros frescos. Se aferran a los mismos rostros, los mismos discursos, las mismas ruinas. No buscan convencer, buscan imponer desde la nostalgia.

Están arrinconados, debilitados, sin margen ni imaginación. Los tiempos los tienen encima, pero los que controlan no quieren soltar el timón, aunque el barco se hunda. Prefieren el naufragio antes que ceder el poco poder que aún les queda en sus partidos. Y así, entre arrogancia y miedo, han convertido a la oposición en un mausoleo político donde los muertos no descansan: hacen campaña.