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lunes, febrero 23, 2026
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El amor: Una burbuja en un campo de alambres de púas

Alfredo Espinosa

1.- El abrazo de los cuerpos son las señales que un alma le envía a otra.

2.- El amor posee una naturaleza salvaje. Cuando pretendemos asirlo, se escabulle; si lo encerramos en nuestro corazón, nos esclaviza; si intentamos controlarlo, en sus manos nos convierte en marionetas tristes. Cuando nos abandona, conocemos su ferocidad, como un insensato amputado que ha querido medir fuerzas contra el ferrocarril.

3.- A diferencia de los animales, en los que el sexo es simple expresión de los instintos, la sexualidad entre las personas es siempre erotismo, hijo de la imaginación.

Los animales obedecen un patrón preconcebido dictado por los genes y, aunque puede ser regulado por las circunstancias geográficas, climáticas, etc., sus cortejos y posiciones sexuales son inmodificables.

En contraste, en los humanos cualquier encuentro sexual, por más instintivo que sea, siempre posee una dimensión metafórica, una pizca de imaginación, un acto de fe, algo de ilusión, una pócima mágica y una esperanza recóndita: la esperanza de la cristalización, de encontrarse con el amor.

4.- Los animales no imaginan; las personas sí. Por eso el sexo es siempre erotismo. Y ambos, sexo y erotismo, están movidos por el deseo, esa inagotable fuente de fantasía. El deseo puede sublimarse, pervertirse, cristalizarse, condensarse; puede expresarse con ferocidad o ternura, reprimirse o comportarse licenciosamente.

5.- ¿Se reproduce en la sociedad, como en el gallinero, en la selva o en el establo, lo mismo que ocurre en los animales? Los machos buscan al mayor número de hembras, mientras las hembras buscan al mejor macho.

En las personas, el mundo animal tiene similitudes tan importantes como sus diferencias. Es todavía extremadamente raro encontrar a una mujer violadora o, incluso, que se mueva con la misma facilidad y sencillez que un hombre respecto a la actividad sexual.

6.- Como en la prehistoria, los encuentros sexuales o amorosos de esta época tienen mucho de azar, de impulsos naturales y de necesidades circunstanciales.

7.- El enamorado construye un mundo ilusorio dentro de un mundo real: una burbuja de jabón en un campo de alambres de púas. La intimidad se cultiva con esmero aunque la sociedad exija jornadas extenuantes. En la relación amorosa, ambos abandonan la soledad y se vinculan milagrosamente: los engranajes funcionan, la otra mitad de la naranja nos completa.

La fragmentación, el descuartizamiento que la sociedad ejerce contra cada uno de ellos, son reparados por unas manos cariñosas. Una voz susurrante que dice nuestro nombre nos salva del anonimato social. Cuando los enamorados logran mirar esa realidad, incluso mientras se disfrutan en el poderoso refugio blindado del amor, no dejan de sentirse amenazados y zozobrantes.

De ese modo toman conciencia de su vulnerabilidad. Pero esta es mayor cuando saben que la felicidad que los invade depende no solamente del mundo adverso, sino también de esa persona con la que se embriagan de besos y arrumacos, y que en cualquier momento puede decir “no”.

8.- El sentimiento amoroso es la simple atracción de una persona hacia otra, pero el modo en que ambos se atraen depende de la época y de la sociedad en que esas miradas se crucen.

9.- El amor es un integrador de cualidades. De hecho, hablamos de amor cuando una persona percibe a otra en su totalidad y plenitud.

10.- Conquista es posesión. Pero lo que se posee no es tan significativo como aquello que se pretende conquistar. Pertenecer a alguien pierde interés en el juego social, aunque puede ganar en estabilidad, porque ya se está en el mundo como en una cárcel. No obstante, la posesión recupera su importancia cuando se ve amenazada con perderse.

11.- Todo equilibrio es precario entre dos personas autónomas; todo lazo se fragiliza si alguno de los dos lo tensa insensatamente. La pareja presuntamente madura puede ser sorprendida en cualquier momento por una demanda insatisfecha, por una tentación, por un ataque inesperado contra sus fortalezas, por un arrobamiento imprevisto. Una mirada apenas, una sonrisa, un desliz, pueden convertirse en catástrofe para esa burbujita de cristal que es el amor.

La dicha de uno puede demoler al otro cuando se entrega a un tercero. Los golpes más demoledores los recibimos, no de nuestros enemigos, sino de aquellos que amamos.

12.- Quizá la sabiduría más honda a la que puede arribar una pareja es la de comprender que el amor fluye transformándose constantemente. Pero, por desgracia, las criaturas que unió en su nombre no logran, con frecuencia y en su abrumadora mayoría, adaptarse con la rapidez y eficiencia que requiere ese río de corrientes insólitas que es el tiempo y sus accidentes. Y eso abre una hendidura que presagia la separación de los amantes.

13.- Quien ama ofrece, como dice Borges, “explicaciones de ti misma, teorías acerca de ti misma, auténticas y sorprendentes noticias de ti misma”. El amor multiplica a la persona y hace que en ella aparezcan personalidades desconocidas, versiones inéditas de sí misma, nuevos deseos que afloran intempestivos o que gruñen en el sótano.