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lunes, febrero 23, 2026
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Fortuna con dinero ajeno

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Fortuna con dinero ajeno

El Estado de derecho del evasor

Por: Raúl Sabido

“Con esos privilegios, hasta la comadre que vendía gelatinas ya sería dueño de un banco.”

En México, el cinismo empresarial tiene nombre y apellido: Ricardo Salinas Pliego. El magnate detrás de Grupo Salinas ha sido beneficiado por el estado en mucho más de una ocasión, además de utilizar una concesión del estado, y, sin embargo, se atreve a hablar de Estado de derecho como si fuera su defensor. Pero, ¿cómo puede alguien que ha evadido impuestos por más de 74 mil millones de pesos, y que fue rescatado por el Fobaproa, tener autoridad moral para hablar de legalidad?

La estrategia del “no pago y vámonos a juicio”

Salinas Pliego no solo evade, sino que lo hace con descaro y cinismo total. Su estrategia es clara: no pagar y litigar hasta el cansancio, sabiendo que el sistema judicial mexicano es lento y que, durante años, la mercantilizada Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) le fue favorable y cómplice. Ha interpuesto más de 30 amparos para frenar sentencias del SAT, prolongando indefinidamente el cumplimiento de sus obligaciones fiscales. Esta táctica no es astucia empresarial, es delincuencia y no por utilizar el amparo, sino por planear el no pago de sus pasivos importantes y no relacionados con su operación empresarial, los que están a su alcance para eludir.

El perfil psicológico del empresario del “no pago”

Desde una perspectiva psicológica, el comportamiento sistemático de Salinas Pliego revela un patrón que va más allá de la estrategia legal. Su conducta encaja en lo que la psicología denomina la tríada oscura: narcisismo, maquiavelismo y psicopatía subclínica.

Narcisismo: Salinas Pliego se proyecta como superior, desafiante y víctima de persecución, buscando validación pública mientras se burla de las instituciones y de los mismos mexicanos que no son sus súbditos.

Maquiavelismo: Salinas Pliego manipula el sistema judicial con amparos y recursos para evitar el cumplimiento de la ley, usando el tiempo como escudo miente. Miente, engaña, manipula con sus medios de información.

Psicopatía subclínica: Salinas Pliego se caracteriza por una absoluta de empatía, remordimiento y sentido de culpa, combinada con una tendencia a transgredir normas sociales sin sentir responsabilidad moral alguna. En este caso se manifiesta con su indiferencia ante el daño colectivo que genera su evasión fiscal y su desprecio por las reglas que rigen la convivencia democrática.

Además, que demuestra con toda claridad una conducta antisocial empresarial al eludir obligaciones fiscales y trasladar deudas privadas al erario no es solo evasión, es agresión al pacto social.

Para Salinas Pliego, el “no pago” no es una omisión: es una ideología. Es la convicción de que el poder económico puede subvertir el estado de derecho. Esta visión empresarial no busca construir, sino extraer valor sin la responsabilidad de retribuir.

La irresponsable decisión de no pagar

Es necesario puntualizar con absoluta claridad: ¿quiénes son los que realmente generan impuestos en este país? La respuesta es sencilla y directa: “son todos aquellos emprendedores que, mediante actividades productivas y lucrativas, obtienen utilidades suficientes para sostener sus empresas y, en consecuencia, cumplir con las obligaciones fiscales que la ley establece de forma equitativa para todos”.

El Servicio de Administración Tributaria (SAT) no le cobra a quien no genera ingresos, a quien está desempleado o a quien no obtiene utilidad alguna. Los impuestos nacen de la riqueza generada, no de la carencia.

En ese contexto, Ricardo Salinas Pliego, cuyas empresas han generado utilidades multimillonarias, decidió deliberadamente no pagar. Y al no hacerlo, incurre en consecuencias legales, y fiscales, que ha intentado evadir mediante tácticas dilatorias y recursos judiciales. Su negativa no es un error administrativo: es una decisión consciente, irresponsable y calculada para evitar rendir cuentas.

Fobaproa: el primer gran regalo

Durante la crisis bancaria de los años 90, Salinas Pliego fue uno de los empresarios que trasladó sus deudas privadas al erario mediante el Fobaproa. En otras palabras, los mexicanos estamos pagando por sus errores financieros, no les pagaba a los bancos y aprovechó el Fobaproa. Este rescate multimillonario fue el primer gran “regalo” que recibió del estado al sanearlo de pasivos, y marcó el inicio de una relación PARASITARIA con el estado y el dinero público.

Evasión fiscal monumental

Hoy, el SAT le reclama más de 74 mil millones de pesos. No es una cifra menor. Es dinero que podría financiar hospitales, escuelas, infraestructura. Pero Salinas Pliego ha preferido usar su poder económico y legal para evadir, retrasar y desafiar. Incluso ha llegado al cinismo total al decir que pagará “cuando le digan cuánto debe”, como si el monto no estuviera claro desde hace años, ¿acaso se amparaba sin conocer los montos reclamados por el SAT claramente establecidos en las resoluciones judiciales en su contra?

Deudas también en EE.UU.

Su historial no se limita a México. En el sistema financiero estadounidense también ha enfrentado litigios y adeudos. Su modelo empresarial parece estar basado en el uso del dinero ajeno, ya sea del estado, de los bancos, de los consumidores o de los ahorradores en banco Azteca.

Retórica provocadora

Lo más preocupante es su discurso público. En redes sociales, Salinas Pliego se presenta como víctima de persecución, reta a la presidenta Claudia Sheinbaum y se burla de las instituciones. Este comportamiento no solo es irresponsable, es peligroso. Porque normaliza la idea de que evadir impuestos y desafiar la ley es parte del juego.

¿Estado de derecho?

Que primero cumpla la ley

Ricardo Salinas Pliego ha sido ampliamente gratificado por los mexicanos: primero con concesiones públicas, segundo con el Fobaproa, luego con su evasión fiscal solapado por algunos jueces y un ministro de la SCJN. Su riqueza se ha construido con dinero ajeno, y su impunidad ha sido garantizada por un sistema judicial mercantilizado, lento y complaciente y que hoy se erija como defensor del Estado de derecho es una burla para todos los ciudadanos que sí cumplen con sus obligaciones.

Por donde se quiera ver, lo que hoy tiene Ricardo Salinas Pliego se lo ha dado el estado mexicano y sus acreedores en los Estados Unidos y a algunos los ha defraudado.

Antes de hablar de legalidad, que pague lo que debe…

digo, como aquello de tomar chocolate…