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lunes, febrero 23, 2026
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Reflexiones sobre las marchas de la Generación Z

Alfredo Espinosa

1.- Desde hace muchos años he sido testigo de muchas marchas. En unas participo activamente y en otras asisto como testigo. Las marchas, con frecuencia, son las expresiones de grupos sociales que requieren salir a las calles y gritar sus ideas y sus verdades. Algunas nos gustan, otras no tanto; con unas estamos de acuerdo y con otras no. Unas veces las toleramos, otras las atacamos.

Siempre tengo curiosidad por las marchas y por los que marchan y por qué lo hacen. Algunos son como guiar borregos, otras son furibundas. Pero, indudablemente, ahí está el pulso de la vida social de los pueblos.

2.-Ayer, en Chihuahua vi tres marchas. Dos de ellas con un modesto número de personas. Menos de lo que se esperaba. El paisaje de sus contingentes abundaban los sombreros tipo Manzo y las camisas blancas. La edad promedio era de 50 años. Había jóvenes, sí, pero demasiado pocos. Esto fue lo que desalentó mi curiosidad: Yo iba a observar el espectáculo de los jóvenes de la generación Z haciéndose cargo, por primera vez, de este desafío social que les corresponde enfrentar, pero no se presentaron. Quizá, en Chihuahua, los jóvenes no han logrado tener la conciencia de los tiempos que están viviendo. En cambio, los chavorrucos manifestaron su entereza y su capacidad combativa. Limpios, bien vestidos y con un comportamiento pacífico. Ideológicamente la mayoría de los marchantes se identifican con las ideas y postulados de la derecha. Gritaron consignas contra la Presidenta y contra Morena. Pegaron cartulinas y se fueron a la casa.

Vivimos tiempo de enfrentamientos: entre cárteles, entre partidos, entre ciudadanos, Y cada vez escala su encarnecimiento, y cada vez parece más irreconciliable. En sus extremos, los contrarios se juntan: Derecha e Izquierda, ambas quieren lo mismo, pero cada uno quiere hacerlo a su modo. Y el que parte y reparte, se queda con la mayor parte.

4.-¿Qué queremos los ciudadanos? ¿Qué necesitamos?: Libertad, paz social, vida digna. Traducir estas palabras a la práctica política es lo difícil. Y cada quien lo entiende a su conveniencia. Pero en lo que sí parece que nos ponemos de acuerdo es en el deseo de ser mejores ciudadanos y tener el mejor gobierno. Nos ponemos de acuerdo en no tolerar la corrupción, la impunidad, los privilegios. Los mexicanos deseamos mejorar los índices de seguridad, economía, salud, educación, respeto a los derechos de todos, etc. Requerimos, según entiendo, que los ciudadanos respondamos más que a un partido, a una agenda que nos acerque a ser un mejor ciudadano y a tener un mejor gobierno. ¿Es mucho pedir?

5.-En mi vida me ha tocado conocer los usos y costumbres de la política mexicana. Mucho PRI hubo en mis juventudes. Pensé que nunca se iba a acabar, que el PRI acabaría con el país, y aunque no lo logró, sí lo dejó muy agujerado. Y luego vino el PAN a salvarnos, pero terminó por hundirnos más. El PRIAN ya no daba más y parecía desembocar en el basurero de la historia. Entonces llegó la izquierda al poder. Por primera vez en la historia. La esperanza resurgía pero muy pronto las espinas de la realidad la desplomaron. A casi ocho años de su ascenso de la 4t tengo una impresión diagnóstica: Todos los partidos son iguales. Todos muy corruptos y con nexos con el crimen organizado, y alejados de los ciudadanos comunes. ¿Vivimos un Narcoestado? Indudablemente.

Pero mantener esta postura no me hace de derecha, menos prianista. Los he combatido toda mi vida con la misma ferocidad que ahora también dirijo a Morena y la 4t. Para mí, la izquierda en el poder perdió el rumbo. Es esa izquierda la que se extravió y no yo. Amigos, no se confundan, yo mantengo los mismos principios de siempre.

7.-No se trata de quien gana a las vencidas, no se trata de quienes juntan más en las marchas. De lo que se trata es tener un mejor país. De lo que se trata, y eso es mi apuesta, es hacer avanzar un programa de acuerdos básicos.

Mi postura no es política, ni ideológica, sino ética: no más corrupción, no más una narcoestado, no más impunidad, venga del partido o ideología que venga.