LA FÍSICA DE LA DIGNIDAD
Luz Estela “Lucha” Castro
El sábado 7 de febrero de 2026, en Hamilton House, en el centro de Londres, más de 500 personas sindicalistas, académicxs, diputadxs y activistas, se reunieron en la conferencia internacional “¡Adelante! América Latina”, organizada por la Cuba Solidarity Campaign.
No fueron a escuchar discursos de consuelo. Fueron a entender, desde la ciencia, por qué la presión no genera sumisión sino resistencia.
Quien tomó la palabra fue el físico nuclear cubano Fidel Antonio Castro Smirnov, profesor de la Universidad de La Habana y nieto de Fidel Castro, en el año del centenario del nacimiento de su abuelo.
No citó a Marx. Citó la termodinámica.
Explicó que, en el mundo físico, cuando una sustancia es comprimida, su energía interna aumenta. La presión eleva la temperatura, modifica el estado, transforma la materia. La presión no siempre destruye; puede intensificar, reorganizar, fortalecer.
Aplicó esa ley científica a la realidad cubana frente al bloqueo y las sanciones. Señaló que quienes creen que la asfixia económica producirá rendición desconocen cómo funcionan tanto la materia como los pueblos. La presión sostenida no ha generado sumisión en Cuba, sino una cultura de resistencia, innovación y soberanía.
Habló desde la experiencia concreta de la comunidad científica cubana: reactivos que en Europa se consiguen en horas y en la isla tardan meses; equipos tecnológicos vetados; obstáculos financieros para la investigación. Sin embargo, sostuvo que el país ha decidido apostar por la formación de médicxs, por la biotecnología pública y por una ciencia orientada al cuidado de la vida.
Recordó desarrollos como Soberana 02 y Abdala como ejemplos de soberanía científica: “nuestras armas vino a decir no destruyen ciudades; previenen enfermedades”.
Subrayó que la ciencia, para Cuba, no es un lujo ni un negocio, sino una herramienta de independencia. No es una ciencia a pesar del bloqueo, sino una ciencia forjada en confrontación con él.
En la misma jornada intervino la embajadora cubana en el Reino Unido, Ismara Vargas Walter, quien defendió la soberanía como principio irrenunciable y denunció el impacto humano de las sanciones. El encuentro se desarrolló en un contexto internacional marcado por nuevas tensiones bajo la administración de Donald Trump.
Hacia el final, el científico dirigió una pregunta directa al público británico: ¿qué puede hacerse, desde Glasgow, Liverpool, Sheffield o Londres, para enfrentar una política que castiga a un pueblo entero? No fue una pregunta retórica. Fue una convocatoria ética.
La intervención dejó una idea clara: la dignidad no es un concepto abstracto. Es una energía acumulada bajo presión. Es calor interno que no se apaga. Es soberanía que se defiende creando, estudiando, curando.
Y si algo quedó resonando en aquella sala fue que la solidaridad no es caridad ni consigna: es compromiso histórico. Como afirmó Ernesto Che Guevara, la solidaridad es la ternura de los pueblos.
Hoy más que nunca, esa ternura debe volverse acción.









